martes, 17 de diciembre de 2013

Algunos consejos para una correcta iniciación a la alimentación en nuestros hijos


La alimentación es una función vital a la que dedicamos gran parte de nuestra vida, por lo que hay que prestarle una atención importante a la hora de adquirir correctos hábitos alimenticios desde la primera infancia.
Entre los pueblos latinos y latinoamericanos, la comida es un momento importante de la vida ligado a la actividad social y familiar; no un mero acto nutricional. Por esto debemos darle la relevancia social y familiar que tiene, sin descontar por ello la importancia de unos hábitos alimenticios saludables.

La comida como lugar de encuentro.
Es muy conveniente que la unidad familiar coma/desayune/cene junta, como un acto social, sin que haya distractores como televisión, juguetes, etc.
La comida como acto social también es un momento de comunicación en el que cada cual comunica a los demás las cosas relevantes que le pasan o que tiene en la cabeza, es el momento de compartir nuestros pensamientos. Incluso cuando no existe lenguaje en los niños, este tipo de momentos sirven para generar una confluencia comunicativa entre todos los miembros de la familia, a la que tarde o temprano se suma aunque sea a nivel muy básico, recordándole lo que ha hecho durante el día, lo que le queda por hacer, o sucesos que sean significativos para él; incluso se puede formular en forma de pregunta si el niño tiene capacidad para expresar aunque sólo sea a nivel emocional lo que le producen esos eventos.
Al comer con sus papás el niño se siente más integrado dentro de la unidad familiar, compartiendo un ritual fundamental dentro de ésta. Además esto tiene un segundo efecto sobre la introducción de alimentos. El niño por imitación y como tendencia natural va a querer hacer y ocupar las mismas actividades de sus padres. Es por esto que la introducción de nuevos alimentos no pasa por una exposición directa a éstos. Si no por que el niño vea que los padres están tomando ese alimento y que él no. De forma natural en la mayoría de los casos el niño terminará pidiendo (con la mirada, con gestos, con agitación...) que él también quiere lo mismo que los papás. En ese momento es cuando se le da a probar. Ese es el momento de introducción. A partir de entonces se repetirá la “pantomima” durante unas cuantas veces (distintos días) de que lo pida de los padres, para al final terminar por servírselo en su propio plato.

La comida como elemento comunicativo.
Nada desarrolla más la comunicación como la satisfacción de las propias necesidades. En la comida aparece el primer ¡no!, cuando el niño aparta la cabeza a un lado y a otro para evitar que le des de comer cuando está lleno o no le gusta una comida. Además aparecen fórmulas de cortesía y hábitos de moderación.
Nuestra sociedad, como cualquiera procedente de una hambruna, se ha desarrollado bajo el precepto materno de servir platos llenos y no dejar “ni las migas”, sin embargo esto en nuestra sociedad actual ha provocado que la mayor parte de los adultos no tienen educada la sensación de saciedad, si no que la tienen unida o bien a ver el “plato vacío” o a la sensación de haber comido demasiado. Los expertos en prevención los trastornos de la alimentación recomiendan que de forma general se sirva poca cantidad en los platos y que se repita tantas veces como sea necesario. En primer lugar, para el niño, el “plato lleno” puede generar cierta ansiedad, en especial si no le gusta la comida que tiene ese día; y en segundo lugar el tener que servirse de nuevo hace que tenga que chequear a mitad del proceso si ha comido suficiente o si necesita más.
Por otra parte en este proceso también aparece la comunicación a través del “si” o del “no” cuando le preguntamos -¿Quieres más?
De la misma manera que serviremos poco, también hay que evitar el terminar la comida de los platos. Es un hábito saludable que tras haberte servido una o dos veces además de la primera, a mitad de ese plato sientas que estás saciado. Ese es el momento de parar, aunque quede comida en el plato.

“No me gustan las acelgas”
Evidentemente a todos existen comidas que no nos gustan. A los niños también. El hábito saludable al respecto es que, no habiendo ninguna intolerancia ni alergia, todos (vosotros también papás), probemos un poco de todos los platos, aunque sea sólo de una manera testimonial. Una dieta saludable pasa por comer todos los grupos de alimentos y para ello hay que estar dispuesto a tomar una pequeña cantidad de cada uno.

Comer bien, vivir mejor.
En resumen, la comida es un acto social y comunicativo con una serie de procesos psicológicos asociados, muy relacionados con el desarrollo saludable de la personalidad del individuo. Es por esto que tenemos que convertirlo en un momento placentero de “compartir buen yantar”.



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